Jaime Villa López es el pseudónimo con el que Jacobo de Villaurrutia López-Osorio firmó alguna de sus obras. Nuestro autor nació en Santo Domingo, en 1757 y en el seno de una familia culta y acomodada. El joven Jacobo pasó su infancia y aprendió las primeras letras en La Española, en cuya capital su padre, natural de la Nueva España, trabajaba como oidor de la Real Audiencia. En 1763, la familia se trasladó a la Ciudad de México, donde nuestro autor continuó con sus estudios y entró a formar parte del séquito del arzobispo de la ciudad, el célebre Francisco Antonio de Lorenzana (1722-1804). En 1772, con el nombramiento de Lorenzana como arzobispo de Toledo, Jacobo se trasladó a la metrópoli y continuó su formación en diversas universidades, como la de Alcalá, mientras iba asimilando las nuevas ideas del movimiento ilustrado. Ya licenciado, fue nombrado justicia mayor de Alcalá de Henares, cargo que mantuvo hasta 1792; durante aquellos años estableció una sólida amistad con personajes como Melchor Gaspar de Jovellanos (1744-1811) o Leandro Fernández de Moratín (1760-1828). En esa fecha, regresó a América como oidor de la Audiencia de Guatemala; en aquel territorio puedo llevar a la práctica las ideas adquiridas, que cristalizaron, por ejemplo, en la creación de una Sociedad Económica de Amigos del País. En 1804 volvió a la Ciudad de México como alcalde del crimen de su Audiencia. En la capital novohispana desarrolló un intenso trabajo como periodista, un quehacer que ya había iniciado en su etapa guatemalteca. En un ambiente de enorme crispación política entre peninsulares y criollos —con la ocupación napoleónica de la España peninsular y los incipientes movimientos independentistas en el Nuevo Mundo—, Jacobo se posicionó del lado de los criollos. Por este motivo, con la llegada al trono de Fernando VII (1784-1833, rey de España entre 1813 y 1833) fue obligado a trasladarse a España para ejercer como oidor de la Audiencia de Barcelona entre 1814 y 1822. Regresó a América en 1822 y, tras la emancipación de los Estados Unidos Mexicanos, ocupó el cargo de ministro de la Corte Suprema de Justicia de esa nación hasta su muerte.
El trabajo filológico de este autor fue escaso y se redujo a la traducción de un manual sobre gramática latina, redactado por el francés Jacques Vanière, S. I. (1664-1739), en la línea de las gramáticas razonadas de la época. La traducción de Villaurrutia, realizada durante su estancia en Guatemala y en la que compendió el material original, se centró solo en la primera parte de la obra, en la que se trata la morfología. Respecto a su relación con la lingüística, cabe apuntar también que, durante su época de activismo periodístico en la Ciudad de México, destacó por su falta de respeto a las convenciones ortográficas y ortológicas del español; hasta tal punto fue esta su actitud que le valió algún apercibimiento de las autoridades virreinales.
Jaime Peña Arce