Vida
Antonio Tovar Llorente nació en Valladolid en 1911. Se licenció en Derecho en 1930. Fue un destacado filólogo y conocedor de las lenguas clásicas, de las antiguas peninsulares y las lenguas amerindias. En 1934 se licenció en Historia y Arqueología y se matriculó en Madrid para estudiar lenguas clásicas. Estuvo becado en París donde se educó en el historicismo positivista y estudió paleografía con Alphonse Dain. También en Francia quedó maravillado por la teoría de la raíz lingüística del indoeuropeo de Emile Benveniste. De ahí su pasión por la etimología de las lenguas amerindias o del vasco. Se obsesionó con la búsqueda de los universales del lenguaje. En Berlín, en plena nazificación tuvo lugar su estancia más larga y productiva. Estudió lingüística e historia clásica griega. A pesar de la censura y la represión, constató el espectacular desarrollo socio-cultural y económico con el que convivió lo que, a su regreso a España, le llevó a situarse en el lado del bando sublevado de la guerra civil.
Se afilió a la Falange y su amigo y compañero Dionisio Ridruejo, Jefe Nacional de Falange, lo nombraría responsable de Radio Nacional de España. También ejerció de intérprete del gobierno español. En 1939, al acabar la guerra fue nombrado secretario del Instituto Nebrija, director de Enseñanza Profesional y Técnica y continuó su tarea de intérprete entre España y las potencias del Eje. En 1941 abandonó la vida política y se doctoró en Filología Clásica, obteniendo la cátedra de Latín en la Universidad de Salamanca en 1942. Fue rector de dicha universidad entre 1951 y 1956, periodo en el que creó la primera especialidad universitaria en Lenguas Modernas. Como editor destacan Emérita (1939-1944), Acta Salmanticensia (1944-1951) y Minos (1951-1968). Debido a la situación política, en 1958 se exilió voluntariamente y continúo su labor docente en universidades de Argentina, Estados Unidos y Alemania. En Tubinga (Alemania) ocupó la cátedra de Lingüística desde 1967 hasta su jubilación en 1979. En 1980 fundó la Asociación cultural Hispano-Helénica y la revista Erytheia. Las universidades de Buenos Aires, Múnich, Dublín y Sevilla le otorgaron el título de Doctor honoris causa.
Fue autor de numerosos libros, artículos científicos, conferencias, traducciones y manuales entre otros: Gramática histórica latina. Sintaxis (1946) en la que el autor lleva a cabo un minucioso estudio de la evolución sintáctica del latín. La obra está estructurada en catorce capítulos que, a la vez, se subdividen en varias secciones. Como señala el autor en la introducción, sigue el método histórico. Para él ya han pasado los tiempos en los que la sintaxis latina se seguía con criterio normativo, como un conjunto de reglas para escribir en latín. No le preocupa tanto la norma como la realidad histórica en el desarrollo del latín.
En 1949 publica Estudios sobre las primitivas lenguas hispánicas, una obra de referencia en el ámbito de la lingüística histórica peninsular en el que Tovar trata de las lenguas prerrománicas habladas en la antigua Hispania (ibérico, celtibérico, lusitano y otras lenguas menores) combinando datos etimológicos, epigráficos y comparativos con hipótesis sobre su evolución, distribución geográfica e influencia posterior ofreciendo un mosaico cultural y étnico peninsular antes de la romanización. Tovar reflexiona sobre los pasos dados al respecto y recoge catorce trabajos dispersos, publicados en diferentes momentos, pero concebidos de una manera unitaria, revisados y de los que se ofrece una versión definitiva. Entre esos trabajos figuran «Sobre la fijación de las de las invasiones indoeuropeas en España», «Sobre la estirpe de Séneca» o «Las inscripciones ibéricas y las lenguas de los celtíberos». Fruto de su interés por las lenguas indígenas, durante su estancia en Tucumán para impartir clases en su Universidad en 1958 realizó trabajo de campo y, en sus viajes al Chaco recogió testimonios de los hablantes de algunas lenguas en peligro de extinción (mataco, chorote o chiriguano), por diversas circunstancias el trabajo quedó inacabado hasta que años después regresó a Tucumán para terminarlo y se publicó como Leyendas y diálogos de los Matacos (1981). Más que un estudio, el libro es un modelo de trabajo, puesto que las lenguas amerindias carecen de escritura, por lo que es necesario aportar la descripción de la lengua, el vocabulario básico y textos variados y controlados para que otros interesados en dichas lenguas puedan estudiarlas y reinterpretarlas.
En 1961 había publicado Catálogo de las lenguas de América del Sur. En este libro que consta de veinticuatro capítulos que no son definitivos, como indica Tovar, trata sobre las lenguas indoamericanas de América del Sur incluyendo algunas ya extintas. Lleva a cabo una clasificación mixta: geográfica y lingüística. El último capítulo lo dedica a bosquejar una tipología de dichas lenguas que divide en: informes, aglutinantes, incorporantes, y un cuarto grupo que participa de las características de las otras tres, que denomina “amazónica”. Presenta una exhaustiva bibliografía de estos idiomas que, sin duda, serán de gran ayudad para los estudiosos de las lenguas amerindias.
En Mitología e ideología sobre la lengua vasca (1980) Tovar se adentra en el estudio de la historia y la evolución de la lengua vasca y analiza la influencia de la mitología y la ideología a lo largo de los siglos. A través de una exhaustiva investigación desentraña los mitos que rodean al euskera desmitificando ciertas creencias arraigadas en la sociedad vasca. Señala que la lengua ha sido utilizada como símbolo de la identidad y resistencia ante la dominación cultural de otros pueblos, aunque también ha sido tergiversada para servir a intereses concretos. Sin embargo, también invita a reflexionar sobre la importancia de preservar y valorar la diversidad lingüística como parte fundamental de la identidad de un pueblo.
Fue miembro correspondiente de la Academia Vasca (1947). Ingresó en la RAE en 1968 donde desempeñó los cargos de censor y vicesecretario ocupando el sillón J con un discurso titulado Latín de Hispania: Aspectos léxicos de la romanización. En su discurso Tovar trata sobre la evolución del latín en la península ibérica apuntando la temprana diferenciación de los dialectos románicos y la presencia de voces del latín vulgar conviviendo con las del latín clásico. Según Tovar, la romanización no conllevó la obligatoriedad de una lengua uniforme, sino que el latín que se hablaba por parte de los colonos y los soldados de Hispania comenzó a diferenciarse casi desde el principio, contrariamente a lo que se creía, es decir, que la conquista romana supuso la homogeneización de la lengua latina. Este fenómeno no fue exclusivo de la península ibérica puesto que se repitió en otros territorios conquistados por los romanos. En su contestación, Laín Entralgo hace un amplio repaso por la vida y la obra de Tovar destacando su amor intelectual por las palabras.
Como filólogo e investigador es conocedor de las dos lenguas clásicas, del vasco, de las lenguas de la América precolombina, del gótico, del celta o de las lenguas bereberes. Sus traducciones y sus libros, casi todos sobre temas relacionados con la lengua, la filología o la literatura, ha escrito más de doscientos trabajos científicos que se han publicado en prestigiosas revistas y, además de investigador, ha sido profesor en universidades de España y del extranjero y maestro de filólogos. En definitiva, un infatigable trabajador de la palabra al servicio de la RAE. Falleció en Madrid en 1985 dejando una obra ingente que sigue siendo de gran interés para numerosos estudiosos.
Gloria Martínez Lanzán