Nicolás Fort y Roldán fue un militar y filólogo aficionado español. Nació en Ferrol (La Coruña), en 1852 y en el seno de una familia modesta. Cursó la primera formación —siempre orientada hacia su ingreso en la Armada— en esa ciudad coruñesa. Con 11 años, en 1863, se trasladó a Madrid para continuar con su instrucción de cara a la incorporación a ese cuerpo; sin embargo, el cierre de las academias tras la revolución de 1868 y la muerte de sus padres lo forzaron a realizar diferentes oficios para sobrevivir en la capital española, entre ellos, destacó el de la creación literaria. Abandonadas sus pretensiones de acceder a la Marina en 1873 y tras haber hecho el servicio militar, entró en la Academia de Administración Militar del Ejército, donde culminó su formación en 1874. Tras un breve destino en Cuenca, embarcó hacia La Habana. Permaneció en Cuba hasta 1885, y alternó estancias en la capital con viajes por diferentes partes de la isla. Durante este tiempo, nuestro ferrolano se interesó ampliamente por diferentes aspectos geográficos y etnográficos del país. Entre 1885 y 1892, ya de vuelta en la Península, vivió en Madrid y, entre 1892 y 1895, en Barcelona. Como consecuencia de sucesivos ascensos, desempeñó diferentes cargos en varias ciudades más —La Coruña, Santiago, Albacete y Alicante— hasta 1897. Entre ese año y 1902, se asentó en su Ferrol natal, donde trabajó como interventor de su parque de artillería. En 1903 recibió un nuevo destino en Orense para, desde allí, trasladarse rápidamente a Cartagena. Finalmente, en 1911 y como intendente de división, se instaló en Valencia. En la capital del Turia murió cuatro años después, en 1915, tras más de 42 de servicio en la milicia.
Fort redactó durante su estancia en las Antillas su trabajo filológico, y lo publicó dentro de una obra más amplia, Cuba indígena, durante unos meses de permiso en los que regresó a la España peninsular. Dentro de esa obra, destaca el capítulo 1.º, «Ideas sobre filología indígena» (págs. 1-29), en el que diserta sobre algunos aspectos de la fonética —especialmente, la vocálica—, la morfología y la ortografía de las extintas lenguas indígenas de la isla, que pervivían en algunos giros de la población rural. Igualmente, debe mencionarse el capítulo 5.º, «Vocabulario etimológico de los indígenas cubanos», que recoge 816 artículos de voces y morfemas del español cubano —incluidos muchos nombres propios, sobre todo topónimos—con elemental microestructura y extensión muy variable. Pese al calificativo de etimológico, es poca la labor de indagación en el origen de las voces realizada por el autor, pues casi siempre se limita a ofrecer el equivalente en el estándar.
Jaime Peña Arce