Benito María Escalada y Tarrio fue un latinista y profesor de instituto español, activo durante la segunda mitad del siglo XIX. Los datos que poseemos sobre su vida —que hemos podido conocer gracias a los indicios que aparecen en la prensa periódica contemporánea— son escasos: desconocemos dónde y cuándo nació, así como cuál fue la calidad de su familia. Sabemos que consiguió el título de bachiller en Filosofía y Teología. La primera fecha concreta sobre su periplo vital lo sitúa como profesor en el instituto de Salamanca en 1847. A esa ciudad y a esa institución permaneció ligado el resto de su larga vida, aunque con algunos periodos de cesantía. Las cátedras que ocupó fueron variando con el tiempo, pero a las que más tiempo dedicó fue a la de Latín y Humanidades, a la de Griego y a la de Filosofía y Lógica. Con una edad provecta, y rodeado de amplio prestigio y reconocimiento, murió finalmente en Salamanca en 1892.
Nuestro autor compuso obras de eminente carácter pedagógico sobre diferentes materias, como la Filosofía. En el plano lingüístico, destacó por sus esfuerzos para mejorar el aprendizaje de la lengua latina. En primer lugar, compendió las palabras recogidas en las fábulas de Fedro (14 a. C.-50 d. C.) y en las epístolas de Cicerón (106 a. C.-46 a. C.). En segundo lugar, llevó a la prensa su Gramática latina teórico-práctica y sus principales relaciones con la castellana, que, tras una introducción dedicada a la correcta pronunciación del latín, se dividen en diferentes partes: la primera, consagrada a la analogía; la segunda, a la sintaxis; la tercera, a la prosodia, y la cuarta, a la ortografía.
Jaime Peña Arce