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Vida
El periodista, escritor y periodista Rafael M. Merchán y Pérez nació en Manzanillo (Cuba) en 1844. Cursó sus primeros estudios en su ciudad natal. A los 20 años comenzó sus primeras colaboraciones con el periódico El Eco de Manzanillo. En 1859 se trasladó a Santiago de Cuba para iniciar sus estudios religiosos ingresando en el Seminario en 1860, aunque abandonó dichos estudios tras la muerte de su madre en 1864. Entre 1865-1866 regresa a su ciudad natal y al desempeño del periodismo unirá el magisterio. En 1867 ejerce de maestro en el Colegio Santo Tomás. Para Merchán el periodismo no era un trabajo para ganarse el sustento sino más bien una herramienta para luchar por mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos y conseguir la independencia de Cuba.
Escribió en diversos periódicos como La Verdad, La Antorcha, El Comercio, El Siglo o El País y, en 1869 fundó y dirigió El Tribuno, una publicación bisemanal del que se publicaron únicamente cinco números exponiendo sus ideas radicales por lo que se vio obligado a exiliarse en Estados Unidos donde continúa trabajando por la independencia de su país. En Nueva York fue redactor de La Revolución, órgano de la Junta cubana. De allí se traslada a Francia donde sigue escribiendo en diferentes periódicos. En 1874 se instala en Colombia. En Bogotá dirigió La Luz (1881-1884) y La Nación. Al declararse la república regresa a Cuba donde es nombrado Embajador Plenipotenciario de Cuba en España y Francia. Al llegar a Colombia en 1880 fue nombrado Miembro Honorario de la Academia Colombiana de la Lengua y secretario de El Ateneo bogotano. Falleció en Bogotá en 1905.
Su obra está ligada al trabajo periodístico y compuesto por artículos que fue publicando en sus numerosas colaboraciones con la prensa de la época. En torno a la crítica literaria publicó Variedades (1894) y, con anterioridad, Estudios críticos en 1886. En él se recopilan 18 trabajos que suman un total de 712 páginas de contenido variado. El sexto de dichos artículos lleva por título «Estalagmitas del lenguaje (sobre las Apuntaciones críticas de Rufino J. Cuervo)». A lo largo de las treinta y una páginas se Merchán se centra en el libro Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano de Rufino Cuervo publicado en Bogotá en 1867. El autor expone que el título de la obra de Cuervo le parecía poco atractivo como para leerla puesto que no veía el interés de que se centrara en la lengua de una única población. Este comienzo que dota a su texto de una entrada atractiva, a la vez que polémica, es utilizado como una buena estrategia para captar el interés del lector y no obvia la admiración que siente Merchán por la labor filológica de Cuervo, pues como señala, dos terceras partes de la obra pueden leerse con provecho en Cuba donde maltratan bastante el español. Introduce en el debate el Diccionario provincial de las voces cubanas (1836) de Pichardo. Comparando ambas obras, observa aspectos curiosos como el hecho de que algunas voces estén consideradas originarias de Cuba para Pichardo mientras que para Cuervo su origen es colombiano. Merchán introduce la idea de la creación de un Diccionario de americanismos fijando la etimología de ciertas voces utilizadas en América. Este proyecto es una propuesta a hacer un frente común para combatir la autoridad lingüística de la Academia de la Lengua cuando el poder político sobre América por parte de España estaba a punto de terminar. Resulta chocante que un texto sobre un autor colombiano publicado en una revista del país le lleve al crítico a buscar comparaciones con su país. El artículo fue publicado cinco años después de que Merchán fijara su residencia en Colombia. A pesar de las diferencias con muchas de las ideas de Cuervo, Merchán lleva a cabo una justa evaluación de su obra. Sus ideas se alejan de las posturas defendidas por Caro y Cuervo proclives a preservar la pureza del español, mientras que Merchán, consecuente con su lucha independentista y reivindicativa, se muestra más beligerante al respecto.
Gloria Martínez Lanzán