Lisandro Espino Barahona fue un jurisconsulto, diputado y filólogo aficionado panameño, que vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX. Nació en 1861 en La Villa de los Santos, en la panameña provincia de Los Santos, cuando este país centroamericano aún pertenecía a Colombia. Vio la luz en el seno de una pudiente familia de hacendados, que pudo proporcionarle una esmerada educación. En 1883, nuestro autor se trasladó a la Ciudad de Panamá, donde ingresó en la Escuela Nacional Normal de Varones con la intención de convertirse en maestro; sin embargo, la Guerra Civil Colombiana de 1884-1885 forzó su regreso a la casa familiar. Desde su hogar, dedicado a tareas comerciales y de gestión agrícola, estudió finalmente Derecho. En 1896 comenzó su carrera como fiscal de su región. En 1903, momento en el que Panamá consiguió la independencia tras la Guerra de los Mil Días (1899-1902), Espino se trasladó a la nueva capital nacional, donde compaginó diferentes tareas en el poder judicial y legislativo del nuevo estado. Además, dirigió diversas cabeceras de prensa periódica. Finalmente, murió en la Ciudad de Panamá en 1929 convertido en uno de los próceres de esa nación.
El trabajo filológico de este autor fue escaso, y se concretó en la redacción de un Ensayo de crítica gramatical, publicado casi al final de su vida. La obra, ejemplo de los trabajos de purismo lingüístico, se constituye en un tratado cuya finalidad era corregir los errores detectados por el autor en el uso de la lengua española. Los temas tratados son, entre otros, los errores en la conjugación de los tiempos verbales, los empleos del gerundio o la variedad en el uso de los pronombres átonos de acusativo y dativo.
Jaime Peña Arce