Pedro Gutiérrez Bueno fue un químico y farmacéutico de la Ilustración española. Nació en Cáceres, en 1743 —otras fuentes defienden que el año de su nacimiento fue 1745— y en el seno de una familia acomodada. En 1771, ya en Madrid, tras haber cursado la formación básica en su ciudad natal, entró en los Reales Estudios de San Isidro, que habían sido reabiertos ese mismo año tras la expulsión de los jesuitas en 1767. Allí destacó en Matemáticas, Lógica y Física. En 1777 se recibió como boticario tras seguir las lecciones de, entre otros, José Viera y Clavijo (1731-1813). En los años siguientes, siguió una carrera meteórica en su disciplina: en 1785 fue nombrado profesor de Química en el Colegio de Cirugía de San Carlos y, en 1787, en el Real Gabinete de Historia Natural, en 1792 comenzó a ostentar el cargo de boticario mayor de Carlos IV (1748-1819, rey de España entre 1788 y 1808), y en 1801 alcanzó el grado de catedrático de Química en el mismo Colegio de San Carlos. En 1804, las enseñanzas de Farmacia se separaron de las de Cirugía, y nuestro cacereño recibió el nombramiento de director del nuevo Colegio de Farmacia de Madrid. Se jubiló entre grandes reconocimientos en 1815, y vivió tranquilo —pese a los vaivenes de la España del momento— hasta su muerte, que aconteció en Madrid en 1822.
Su labor filológica, subsidiaria de sus trabajos científicos, consistió en la traducción de la nomenclatura química acuñada por Antoine-Laurent de Lavoisier (1743-1794) y sus colaboradores. Esta traducción no incluyó ni la sinonimia —viejos nombres con sus equivalentes— ni tablas con los símbolos y caracteres. Tales defectos fueron corregidos en la segunda edición del texto, titulada Nomenclatura química que para el uso de su escuela publica Don Pedro Gutiérrez Bueno, catedrático de química en el Real Colegio de San Carlos (Antonio de Sancha, Madrid, 1801), que, además de los elementos ya enumerados, introdujo también una tabla de equivalencias del sistema métrico decimal al sistema español de pesos y medidas. Por tanto, es esta segunda edición la que posee mayor valor lingüístico.
Jaime Peña Arce