Casimiro Flórez Canseco fue un helenista ilustrado español. Nació en la pequeña localidad leonesa de Manzaneda de Torío, perteneciente al municipio de Garrafe de Torío, en 1745. Tras aprender latín durante su infancia, se trasladó a Salamanca, en cuya universidad —y de la mano del helenista Bernardo Agustín de Zamora, O. Carm. (1720 o 1730-1785)— aprendió esa lengua clásica, al tiempo que se formaba en Filosofía y Leyes. Aprovechando el vació dejado por la expulsión de los jesuitas (1767), ganó por oposición la cátedra de Griego en los Reales Estudios de San Isidro de Madrid, institución a la que continuó ligado de por vida, y donde fue maestro de otros grandes helenistas, como José Mamerto Gómez Hermosilla (1771-1837) o Saturnino Lozano y Blasco (1789-1860). Nuestro leonés fue elegido miembro honorario de la Academia Española en 1792 y, diez años después, fue nombrado académico de número. En esa casa, participó en la corrección de la Gramática académica de 1800 y en la cuarta edición de El Quijote. Tras vivir en relativa paz la invasión napoleónica de España y la consecuente Guerra de la Independencia (1808-1814), en 1815, con la vuelta de los padres de la Compañía de Jesús, fue desposeído de su plaza. Un año después, en 1816, Flórez Canseco falleció en Madrid.
En el plano filológico, nuestro autor se dedicó a revisar las traducciones que de las obras clásicas griegas habían hecho los intelectuales españoles de los siglos precedentes. En una de ellas, El Sueño de Luciano Samosatense, que es la Vida de Luciano […] incluyó un análisis gramatical de todas las palabras contenidas en ese texto ordenadas alfabéticamente, estudio que ocupa las páginas 109-237 de tal obra. Además, escribió un opúsculo titulado Carta de Antheo Mantuano al maestro Fr. Juan de Cuenca, del Orden de S. Gerónimo […], contra la Gramática griega de Juan de Cuenca, O. S. H. (1729-1795), un autor protegido por Manuel Godoy (1767-1851). Con este folleto, en el que Flórez Canseco señaló todos los errores de aquel texto, consiguió que dicha obra no fuera impuesta como gramática griega de referencia por el Consejo de Castilla. Sin embargo, el religioso jerónimo vilipendiado se vengó, y consiguió que el opúsculo del leonés fuera secuestrado, destruido y prohibido. Por ello hoy es una rareza encontrar ejemplares de esa carta.